22 enero,2026

Más allá del vino: Cómo Aurelio Montes convirtió la pasión, la sostenibilidad y el alma en su mejor cosecha

by Camila Cruz

Compartir en redes

22 enero,2026 - Entrevistas, Negocios y Economía

Más allá del vino: Cómo Aurelio Montes convirtió la pasión, la sostenibilidad y el alma en su mejor cosecha

Más allá del vino: Cómo Aurelio Montes convirtió la pasión, la sostenibilidad y el alma en su mejor cosecha

Entrevista realizada por Camila Cruz, periodista y directora de Revista Nosotras.

Hay sueños que solo se cumplen cuando uno se atreve a cruzar el límite de lo conocido.

Desde navegar los canales de Chiloé imaginando viñedos hasta desafiar a la industria global con vinos de calidad boutique, Aurelio Montes ha demostrado que la pasión, el conocimiento y la audacia son ingredientes imprescindibles para trascender. Fundador de Viña Montes —una de las 20 mejores viñas del mundo, presente en más de 72 países—, su historia es un testimonio de liderazgo humano, sostenibilidad profunda y conexión emocional con la tierra y las personas.

“Hay cosas que no se venden”, dice con la convicción de quien ha cultivado mucho más que uvas: ha cultivado un legado. Montes explica que su proyecto nace de un sueño personal: crear una empresa que sacara todo el potencial de Chile, un país con condiciones naturales extraordinarias para el vino. Desde su fundación en 1987, Viña Montes no solo se abrió camino en los mercados más exigentes, compitiendo con Francia, Italia y Napa Valley, sino que inspiró a otras viñas chilenas a seguir su ejemplo.

A pesar de producir más de 650.000 cajas al año y tener presencia internacional, Aurelio insiste en definirse como viña boutique. “Ser boutique no significa ser pequeño, significa hacer las cosas bien, con conocimiento y cariño”, explica. Después de 53 vendimias, conoce cada rincón del país y sabe dónde están las mejores uvas. “Calidad y cantidad pueden ir de la mano si hay pasión y criterio en cada decisión”, asegura.

La curiosidad ha sido otro motor en su trayectoria. A diferencia de otros líderes que una vez alcanzado el éxito se instalan en la comodidad, Montes nunca dejó de explorar. “Chile tiene una cantidad de áreas vitivinícolas extraordinarias que no han sido explotadas porque falta valentía”, afirma. Así fue como plantó viñas en laderas inexploradas y se lanzó a proyectos pioneros en lugares impensados como Zapallar y Chiloé, impulsado, entre otras cosas, por su amor por la navegación.

El liderazgo con rostro humano

Montes fue también uno de los primeros en entender que, en el mundo del vino, ponerle rostro y voz a la marca era clave. “El enólogo es como el chef de un restaurante. Los compradores quieren saber la historia, cómo fue el año de cosecha, qué desafíos hubo. No quieren saber quién es el dueño, quieren sentir la pasión detrás del producto”, reflexiona.

Lejos de aceptar el rol de gerente general que sus socios le ofrecieron en los inicios, prefirió recorrer el mundo contando personalmente la historia de Viña Montes. “Hay que dar la cara. El vino tiene historia, y esa historia hay que saber contarla”, afirma. Hoy, miles de jóvenes se sienten inspirados con su historia y lo reconocen en la calle, creyendo incluso que es el único dueño de la viña —aunque, en realidad, es parte de una sociedad—. “En el vino, el rostro visible es mucho más importante que en otros negocios”, sentencia.

La fuerza femenina en la industria

Sobre el liderazgo femenino, Aurelio no duda: “Las mujeres tienen una sensibilidad gustativa superior, son mejores catadoras y mucho más estables en los equipos de trabajo”. Viña Montes cuenta con enólogas, viticultoras y un alto porcentaje de mujeres en sus procesos productivos tanto en Chile como en Argentina. “Trabajar con mujeres permite proyectar un futuro sólido; admiro profundamente su aporte”, destaca.

La sostenibilidad como propósito real

Cuando aún pocos hablaban de sustentabilidad en serio, Viña Montes ya había asumido el compromiso de transformar su operación. “Estamos convencidos de que la sostenibilidad es el futuro”, afirma Montes. Hoy, la viña es una Empresa B certificada (B Corp), implementando prácticas de agricultura regenerativa, uso de energías 100% renovables y conservación activa de bosques nativos. “No queremos llenar la tierra de productos químicos ni afectar la salud de las personas. El mundo tiene que cambiar, y queremos ser de los primeros en impulsar ese cambio”, dice con convicción.

Conectar sentidos y alma

El turismo enológico también forma parte de esta experiencia integral. Viña Montes fue pionera en aplicar el Feng Shui en su bodega, donde los visitantes —más de 60.000 cada año— recorren espacios diseñados para armonizar los elementos naturales. “Cuando la gente entra a la sala de cantos gregorianos, se quedan congelados, emocionados. Se sienten en paz, quieren quedarse horas allí”, relata Montes.

Para él, el vino no solo es un producto: es emoción, es historia, es conexión. “Todo en Viña Montes está pensado para tocar el alma del visitante y del consumidor. Tratamos el vino como a un niño: con infinito cuidado y amor”, concluye.

Aurelio Montes nos recuerda que en un mundo que a veces corre demasiado rápido, avanzar un milímetro diario —pero avanzar siempre— puede ser la verdadera receta del éxito.

Hay sueños que solo se cumplen cuando uno se atreve a cruzar el límite de lo conocido. Desde navegar los canales de Chiloé imaginando viñedos hasta desafiar a la industria global con vinos de calidad boutique, Aurelio Montes ha demostrado que la pasión, el conocimiento y la audacia son ingredientes imprescindibles para trascender. Fundador de Viña Montes —una de las 20 mejores viñas del mundo, presente en más de 72 países—, su historia es un testimonio de liderazgo humano, sostenibilidad profunda y conexión emocional con la tierra y las personas.

ENTREVISTA COMPLETA POR CAMILA CRUZ . FORMATO PREGUNTA – RESPUESTA

Camila Cruz:

Viña Montes está presente en más de 72 países y ha sido reconocida entre las 20 mejores viñas del mundo. ¿Qué lo lleva a seguir diciendo que Viña Montes no está en venta, incluso frente a ofertas millonarias? Además, muchos empresarios nos leen: ¿es posible crecer sin renunciar al alma mater de nuestros proyectos?

Aurelio Montes:

Yo creo que hay una cosa de ADN, una pasión personal. Estudié Agronomía, y en la universidad descubrí la Enología —en mi casa no había ninguna tradición vitivinícola—. Como dijo Martin Luther King, “I had a dream”, yo tuve un sueño. Y ese sueño fue crear una empresa que sacara todo el provecho de lo que Chile puede ofrecer.

Chile tiene una geografía maravillosa, un clima espectacular y una gente con tradición vitivinícola. Yo sabía que era posible hacer algo grande que aún no se estaba haciendo. Así que partimos en 1987 y empezamos a demostrar que sí era posible vender vinos finos de alta calidad en el mundo, compitiendo con Francia, Italia, España y el Valle de Napa.

Cumplimos un rol importante: muchas viñas observaron lo que hacíamos y nos siguieron. Un poco sin querer, queriendo, logramos abrir un camino que otros comenzaron a transitar también. Y ya con el éxito bastante consolidado, abrimos una bodega en Argentina.

¿Ofertas? Hemos recibido ofertas muy grandes. Pero en mi vida siempre he creído que hay cosas que no se venden. Mi señora no está a la venta, y la viña tampoco.

La viña es algo muy mío: la parí yo mismo. Hoy un hijo mío trabaja mano a mano conmigo ahí, y lo que quiero es que se proyecte en el tiempo. No está en nuestros planes venderla, independiente del éxito o los desafíos que vengan por delante. Y creo que seguirá siendo un éxito.

Camila Cruz:

Aunque producen más de 650.000 cajas de vino al año y tienen presencia en Napa, Mendoza y ahora están explorando Chiloé, ustedes insisten en definirse como una viña boutique. ¿Qué significa realmente ser boutique para usted y cómo se preserva esa esencia en medio de una expansión internacional?

Aurelio Montes:

Mira, ser boutique es hacer las cosas bien. No necesariamente boutique es esa tienda chiquitita que vende ropa de primera. Puedes tener una tienda grande, pero si sabes hacer las cosas con cariño, con conocimiento, con dedicación, puedes tener productos de categoría boutique.

En el caso de Montes, conozco muy bien el país: esta es mi vendimia número 53. He hecho 53 vendimias en mi vida, así que sé exactamente dónde están las mejores uvas. Hemos plantado en los mejores lugares, con un equipo humano de primer nivel, que trabaja con ese criterio boutique, aunque el volumen que manejemos sea un poco mayor a lo que tradicionalmente se considera boutique.

Camila Cruz:

Entonces, ¿es posible calidad y cantidad?

Aurelio Montes:

Sí, es perfectamente posible, siempre que haya conocimiento, mucho ánimo de trabajo y, sobre todo, mucha pasión por formar algo bien hecho.

Camila Cruz:

Después de haberlo conseguido todo, usted sigue hablando mucho de la curiosidad. ¿Cuánto pesa la curiosidad en un negocio de tanta tradición como el vino?

Aurelio Montes:

Muchísimo. Chile es un país nuevo en la industria del vino. Si nos comparamos con España, Italia o Francia —que llevan miles de años en esto—, nosotros llevamos apenas cerca de 400 años desde que llegaron los españoles. Eso es nada.

Hay una cantidad de áreas en Chile, maravillosas, con aptitud vitivinícola extraordinaria, que no han sido explotadas simplemente porque nadie ha tenido la valentía ni las ganas de hacerlo. En Viña Montes tenemos un lema: si quieres hacer algo, hazlo. Si tienes un sueño, no te sientes arriba de él, llévalo a cabo.

Así que nos lanzamos a buscar nuevos lugares: laderas, cerros, zapallar —donde nunca nadie había plantado uvas—, y ahora incluso Chiloé. A mí me encanta navegar, soy un poco marino —de hecho, soy marino de la reserva—. Y en mis navegaciones por los canales del sur, miraba las islas y pensaba: ¿cuándo voy a plantar una viña aquí? Hasta que lo hice.

Los sueños son para cumplirse. Hay que atreverse, hay que tener valentía. Siempre le digo a mi gente: quien está en Viña Montes tiene que avanzar, aunque sea un milímetro diario, pero siempre avanzar.

Camila Cruz:

Usted fue pionero en darle un liderazgo con rostro humano a la industria del vino. Ha estado al frente de la marca, mostrando su rostro y compartiendo su conocimiento en múltiples charlas. Desde su experiencia, ¿qué ha aprendido de liderar desde la visibilidad y no solo desde lo técnico? ¿Qué cree que las nuevas generaciones de enólogos y líderes deberían considerar?

Aurelio Montes:

Mira, en el mundo del vino, el enólogo —el técnico que lidera la empresa vitivinícola— es comparable al chef de un restaurante. Muchas veces sigues a un chef sin saber quién es el dueño del restaurante. En el caso de las viñas, los compradores, los importadores, los distribuidores y el periodismo especializado quieren hablar con el enólogo. Les interesa la historia sabrosa: si el año fue malo, si llovió, si cosechamos antes o después, si el Cabernet salió excepcional o el Merlot no tanto. Eso le da alma al vino.

¿A quién le importa quién es el dueño o el gerente que negocia un crédito en el banco? Lo que interesa es cómo se hace el vino. Yo fui consciente de eso desde el principio. Mis socios querían que fuera gerente general, pero me negué. Sentí que mi labor comunicando era mucho más importante que estar sentado en una oficina.

Desde entonces me he dedicado a recorrer el mundo. En solo tres meses ya he pasado por Europa, Brasil y Argentina. Hay que dar la cara, saber contar la historia, porque el vino tiene algo que otros productos no tienen: historia. Historia de familias, de pasión, de geografía. Tú puedes contar por qué plantaste ahí, qué viste al amanecer en el valle, cómo elegiste esa tierra. Esa conexión emocional es esencial.

Hoy, la gente joven me saluda en la calle pensando que soy el dueño único de la viña —no lo soy, somos una sociedad—, pero definitivamente el rostro visible en el vino tiene un peso mayor que en muchos otros negocios.

Camila Cruz:

Qué importante que hoy la empresa no sea solo un nombre, sino también una cara, una historia que inspire.

Camila Cruz:

En cuanto a la industria, donde aún existe brecha de género, ¿cómo fomenta Viña Montes el liderazgo femenino? ¿Qué oportunidades cree que pierden las empresas que no integran a más mujeres en la toma de decisiones?

Aurelio Montes:

Tengo una admiración profunda por las mujeres. Tengo hijas, nietas, y he visto de cerca su talento. La mujer tiene una sensibilidad gustativa superior, son mejores catadoras de vinos que yo mismo. Además, son más estables: no están buscando cambiar de trabajo o de sueldo constantemente como a veces ocurre con los hombres. Trabajar con mujeres te permite proyectar a futuro.

En Viña Montes tenemos enólogas, viticultoras mujeres en Argentina y una masa importante de mujeres en nuestras plantas de producción. Admiro profundamente su aporte a la industria del vino.

Camila Cruz:

Ahora, entrando en sostenibilidad: ustedes han trabajado no solo en prácticas agrícolas responsables, sino también en energías renovables, conservación de bosques nativos y agricultura regenerativa. ¿Cuál ha sido el mayor desafío para transformar la sostenibilidad en una práctica real y medible?

Aurelio Montes:

Estamos absolutamente convencidos de que la sostenibilidad es el futuro. No solo porque creemos en el cuidado del planeta, sino porque comercialmente será indispensable: los supermercados y distribuidores ya comienzan a exigir certificaciones.

Nosotros fuimos más lejos: somos una empresa B, certificados como B Corp, lo cual es un estándar muy alto en sostenibilidad. No queremos llenar la tierra de productos químicos, ni afectar la salud de quienes consumen nuestros vinos. El mundo tiene que cambiar, y queremos ser de los primeros en impulsar ese cambio. Además, ser sustentables también nos trae beneficios económicos: los compradores nos prefieren.

Camila Cruz:

Viña Montes combina Feng Shui, cantos gregorianos, diseño escénico, gastronomía de autor y rutas botánicas. En cuanto al turismo, ¿qué rol juega hoy la emocionalidad en la estrategia de negocios? ¿Es el futuro del vino conectar con todos los sentidos y el alma del consumidor?

Aurelio Montes:

Definitivamente sí. Nuestra bodega está inspirada en el Feng Shui: equilibramos agua, piedra, madera, luz natural, creando un espacio donde las personas se sienten felices y seguras. Recibimos más de 60.000 visitantes al año, y ves sus rostros transformarse cuando entran a la sala de cantos gregorianos. Se quedan congelados, emocionados, como si quisieran quedarse allí por horas.

El vino tiene algo que otros productos no: una conexión emocional profunda. Y eso se refleja en cómo tratamos nuestros vinos: como si fueran niños que necesitan el máximo cuidado. Todo está pensado para crear una experiencia que toque el alma.

Camila Cruz:

Nos encantaría algún día hacer la entrevista allá, recorrer la bodega con usted como guía.

Aurelio Montes:

¡Encantado! Será un placer recibirlos.

Más allá del vino: Cómo Aurelio Montes convirtió la pasión, la sostenibilidad y el alma en su mejor cosecha

Compartir en redes

Newsletter